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La distopia en las novelas de Ana Maria Shua

Dissertation
Author: Jamie Agins Lincow
Abstract:
This dissertation focuses on the influence of political and social history in the novels of Ana María Shua, an Argentine author who critiques her own contemporary society based upon her nation's history and her Jewish ancestry. It examines the relationships between individuals, such as parents and children, spouses, or friends to demonstrate that people are unable to change their own situation: the circularity of time and the repetition of the past will always haunt the inhabitants and marginalize them. This work analyzes Shua's five novels: Soy paciente (1980), Los amores de Laurita (1984), El libro de los recuerdos (1994), La muerte como efecto secundario (1997), and El peso de la tentación (2007). These selected works explore the transformations of the protagonists through their interactions with their environment in order to prove that the individual will remain isolated within the hierarchies and institutions created by contemporary society. The introduction offers an overview of Shua's biography and literary works as well as an exploration of the connections between the history of Argentina and the author's novels. Chapter 1 focuses on the influence of history in the present and future of the protagonists in Los amores de Laurita, El libro de los recuerdos, and La muerte como efecto secundario. Chapter 2 makes use of Michel Foucault's system of power to explore the way in which society victimizes the protagonists. The chapter studies: Los amores de Laurita, La muerte como efecto secundario, and El peso de la tentación. Chapter 3 analyzes the hierarchies established in the institutions and how they convert the body of the individual into a jail. The novels studied include: Soy paciente, La muerte como efecto secundario, and El peso de la tentación. Chapter 4 demonstrates how the history of Argentina is represented in the political and social institutions of El libro de los recuerdos, Soy paciente, and El peso de la tentación. It connects the contemporary desire of a utopian future with Jewish tradition and the hope of a messiah. The conclusions recapitulate the pessimistic, dystopian future that remains for each of the protagonists.

ix utopia al usarla como título de su libro de 1516 (Bleich 13). La utopía se construye como un lugar idílico, y el “[. . .] primer requisito de la utopía [es]: la ley, un código de leyes sabias que establezcan la honestidad de costumbres, la seguridad de las personas, la conservación de sus derechos, los deberes del magistrado, las obligaciones del súbdito y los límites de la obediencia” (Scheines 49). Los avances en la ciencia y tecnología provocan escepticismo sobre la posible existencia de la utopía, y muchos críticos rechazan el concepto. Sigmund Freud “[. . .] exemplifies the twentieth-century turn from utopian optimism to dystopian skepticism” (Booker 9). En su texto Civilization and Its Discontents (1930), el sicoanalista se acuerda de las leyes de la utopía, pero explica que no existe una sociedad ideal porque cada civilización limita la libertad de los individuos (Booker 10). Freud relaciona el concepto de la utopía y el de la distopía con el mundo contemporáneo para explicar que la distopía se crea cuando hay políticos corruptos, como Stalin y Hitler, que identifican a los chivos expiatorios en su sociedad. Además, las jerarquías establecidas dentro de la sociedad misma marginalizan y oprimen a su gente. Aunque la utopía y la distopía parecen oponerse, M. Keith Booker explica en The Dystopian Impulse in Modern Literature: Fiction as Social Criticism cómo se conectan: [. . .] utopian visions of an ideal society often inherently suggest a criticism of the current order of things as nonideal, while dystopian warnings of the dangers of ‘bad’ utopias still allow for the possibility of ‘good’ utopias especially since dystopian societies are generally more or less thinly veiled refigurations of a situation that already exists in reality. (15)

Booker estudia el concepto de distopía en la literatura como crítica social y explica, “[. . .] the modern turn to dystopian fiction is largely attritutable to the perceived inadequacies in existing social and political systems” (20). Las distopías creadas en los textos de Shua demuestran cómo las instituciones sociales (hospitales, casas de recuperación, lugares

x para adelgazamiento) se promueven como lugares utópicos para ayudar y mejorar a la gente, pero causan daño psicológico y físico. El tono distópico se evidencia en los ambientes porque las jerarquías existen dentro de las instituciones para marginalizar y encasillar a los sujetos. Eugenia Flores de Molinillo es la primera que nombra el sentimiento de encierro que se evidencia en las novelas de Shua. En su artículo “Soy paciente: La metáfora hospitalaria,” explica que “Shua limita el espacio de la acción, logrando una concentración temática que privilegia el efecto claustrofóbico y la drástica concentración y reducción de opciones posibles” (23). Este “efecto claustrofóbico” creado desde Soy paciente se tematiza en las demás novelas y crea un pronóstico distópico para el futuro. Me propongo analizar cómo ese sentimiento claustrofóbico sirve de índice de la dirección distópica del desarrollo de sus novelas. En un país fundado por intenciones utópicas, la constante inmigración de diferentes grupos y una serie de políticos destructivos impiden la edificación de un lugar idílico. Como resultado, la sociedad queda fragmentada, rota la promesa para una reconciliación en el futuro. Además, la doble marginalización de que sufre Shua, como judía y mujer, aumenta el sentimiento de encierro y la cosificación de sus protagonistas por sus abusivas relaciones sociales. Muchos críticos analizan la construcción de una identidad judía en sus textos, y Fanny Arango-Keeth afirma que her grandparents’ homeland memories, their oral tradition, their customs, and their experience living in Argentina as well as the life, memories, and experiences of many other Jewish immigrants have been fused by this writer in a body of work that is truly an accomplished representation of the contemporary Jewish- Argentinean cultural identity. (483)

xi En su artículo “Tradición y reescritura: La construcción de una identidad judía en algunos textos de Ana María Shua,” Mariano Siskind concuerda con Arango-Keeth en la importancia de su herencia judía al opinar que existe “[. . .] el peso que tiene allí lo judío (por llamar de alguna manera a este núcleo de sentidos, que no es solamente un objeto representado) es innegable” (90, énfasis original). La historia de los judíos, tanto en la cultura como en la formación de Argentina, marca los textos de Shua, aun si no se evidencia en la superficie. Vemos tradiciones judías como el anhelo del messiah en Soy paciente cuando el protagonista espera la llegada del Dr. Tracer. La protagonista de Los amores de Laurita se equipara con “[. . .] el equivalente en Buenos Aires de una ‘princesa judía’ neoyorquina” (131). Hay varios personajes que recuerdan la experiencia judía de opresión política bajo los Nazis. En El peso de la tentación el director del campo para obesos de Las Espigas abusa verbalmente de la gente, y el lugar mismo se parece a las barracas de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. El texto que más directamente se enfoca en la historia judía es El libro de los recuerdos. David William Foster opina que este texto, “focuses on what one might call metonymic aspects of Jewish life in Argentina” (“Ana María Shua: Yiddish and Cultural Memory” 85). El libro desarrolla la historia de una familia de inmigrantes judíos en Argentina a través de los lectores que leen y discuten los eventos que les han sucedido a sus antepasados. Foster afirma que “[. . .] the one theme of Jewish writers that must necessarily have prominence is that of assimilation, not just of importance of the participation of Jews in Argentine society as a whole […] rather, what is of concern is the inevitability of the loss of important dimensions of Jewishness” (84). Este intento de

xii asimilarse y la subsecuente marginalización son dos temas que provocan el sentido de encierro de los protagonistas. Tienen dificultad en asimilarse a sus alrededores al darse cuenta de sus diferencias, y terminan atrapados en sus relaciones y en su realidad limitada. El sentimiento de encierro o de negación de un futuro óptimo también se conecta con la situación de la mujer latinoamericana, especialmente con respecto a su ignorancia sobre su sexualidad y sus relaciones con otros. En su texto Historia y sociología de la mujer latinoamericana, Luis Vitale explora cómo especialmente en Latinoamérica, “a la mujer se la ha asignado un papel pasivo, de receptora, de dominada” (93). Los amores de Laurita desmiente esa ignorancia en torno a la sexualidad y ha recibido mucha atención por su exposición de la mujer embarazada que conoce y disfruta de su propio cuerpo. Graciela Gliemmo, en “Erotismo y narración en Los amores de Laurita,” analiza “[. . .] la visión femenina del erotismo” que se expone a través de la protagonista Laura (51). La celebración de la sexualidad, especialmente por una señora embarazada, “[. . .] impon(e) un nuevo orden: el de los sentidos, gobernado por el deseo que dicta el cuerpo” (Gliemmo 49). Además de las tradiciones judías que le exigen encontrar un buen marido de buena familia, Laura sufre de las relaciones sexuales con varios amantes. Marina, la protagonista de El peso de la tentación se preocupa por su apariencia física, y aún tiene un affair con otro obeso dentro de Las Espigas para sentirse mejor. Las mujeres de las obras de Shua se ven a menudo dominadas en sus relaciones con parientes y otros personajes en posiciones de poder. La marginalización y la búsqueda de la utopía son temas de sus novelas que se relacionan con la creación histórica de Argentina. Graciela Scheines explora el fracaso

xiii del mito asociado con el descubrimiento de Latinoamérica en su texto Las metáforas del fracaso: desencuentros y utopías en la cultura argentina, y afirma que, “América no es utopía pero sí su geografía apropiada, el lugar donde edificarla” (30). Los conquistadores esperan encontrar en América “[. . .] un no-lugar donde la maravilla es posible;” sin embargo, la utopía nunca se encuentra y las ansias resultan en frustración (33). La creación de un lugar maravilloso tampoco se realiza a causa de conflictos internos entre los políticos y sus ambiciones para la patria. La historia del país comunica la constante disputa en torno al proceso de inmigración y cosificación de distintos grupos europeos con una separación marcada entre las varias etnias, religiones, y culturas, sin un nacionalismo unificador. Al liberarse de España en 1810, los habitantes del país empiezan a cuestionar la existencia de una identidad nacional. Al principio, “[. . .] the term argentino initially had restricted geographical reference: it applied, with some degree of ambiguity, to the inhabitants either of Buenos Aires or of the banks of the River Plate and its littoral” (Myers 119, énfasis original). No había un sentido de pertenencia a la patria ni una identidad colectiva, sino varios grupos unidos por su ubicación física o creencias políticas. En la mente de los argentinos blancos, siempre existe la preocupación por la infiltración de la barbarie, tanto de los indígenas como de los gauchos que poblaban las pampas, y por eso Bernadino Rivadavia, político y luego presidente, promueve primero la inmigración como remedio para la barbarie. Durante la década de los veinte, se enfoca en la educación y la inmigración para llenar y civilizar las partes vacías del país. De acuerdo con Nicholas Shumway, Rivadavia propone “[. . .] culture as a product to be imported” (87). Con la importación de individuos, se quiere producir una identidad

xiv cultural nacional en Argentina. Rivadavia piensa traer obreros para crear una industria que convirtiera la Argentina en un “[. . .] Paris in the pampas” (Shumway 84). No consiguen una propuesta unificadora para la nación, y en 1914, con la gran afluencia de inmigrantes, 50% de la población argentina nace en el extranjero (Delaney 148). Con el aumento de la población en este nuevo siglo, surgen reacciones enfrentadas con respecto a la inmigración: xenofobia contra crisol de razas. Muchos habitantes del país temen la contaminación de Argentina y tratan de impedir la inmigración de otros grupos. Además de los deseables de Europa, también llegan a la Argentina rusos, italianos, y otras gentes huyendo de la persecución, como los judíos. Eruditos como Eduardo Maglione creen en la fusión de razas del crisol. En 1909 Maglione propone que una raza nueva y superior ha de surgir de la fusión de todos los grupos inmigrados al país (Delaney 153). Sin embargo, la pluralidad de idiomas y tradiciones de los diferentes grupos hace que muchos críticos de Maglione teman la contaminación y la imposibilidad de crear una identidad nacional argentina. Como señala Myers, el sentido original de argentino nunca variaba; cada grupo de inmigrantes seguía encasillado dentro su propia parte de la nación, separado por sus propias tradiciones y ritos culturales además de su propia lengua (119). Este encasillamiento se evidencia especialmente con la llegada de los primeros judíos en 1835 y su aumento después de la década de los ochenta debido a la intervención del Barón Maurice de Hirsch y la fundación de la JCA (Jewish Colonization Association) en 1891 (Avni 25). Hirsch trata de crear un refugio para los judíos rusos que habían sufrido de los pogroms y la persecución en su patria, y empieza la colonia de Moisésville para ellos y otros refugiados. De acuerdo con el deseo de los gobiernos de poblar la

xv nación, los judíos perseguidos encuentran un refugio en la Argentina, el nuevo Zion (Lindstrom 5). Sin embargo, viven encerrados y rodeados de gente que comparte la misma cultura y lengua, sin acceder a una vida argentina que dista mucho de la tierra prometida. Aunque otros inmigrantes se adaptan al mundo nuevo, los judíos aportan una religión distinta de la mayoría de la población en sus tradiciones, cultura y lenguaje. Según opina Lindstrom, “[. . .] certain Jewish ways are ineluctably strange to those outside the Group and cannot, without surrender and falsification, be diminished to minor variants on Christian patterns” (2). Mientras que otras culturas se asimilan más fácilmente a la vida dentro del país, Haim Avni explica cómo “the Jews, however, demonstrated that they were indissoluble. They were endogamic, they preserved their linguistic, religious, and cultural distinctiveness, and they were insistent on passing on their heritage to the younger generation” (201). Les era mucho más difícil acostumbrarse a la vida de los argentinos cristianos porque las tradiciones de los judíos eran muy diferentes. En cambio, en su texto Los gauchos judíos (1908), Gerchunoff opina que los judíos sí pueden y deben asimilarse a la vida del país. Lindstrom critica a Gerchunoff porque “[. . .] his ability to speak for the Jewish population was marred by his persistent overstatement of the compatibility of Christianity and Judaism” (11). Ricardo Rojas promulga la fusión y asimilación de los grupos migratorios a través de la educación nacional en su texto La restauración nacionalista (1909). Según Rojas, “[. . .] la nacionalidad debe ser la conciencia de una personalidad colectiva” y la única manera de fomentar esta personalidad es a través de la educación (42). En las escuelas se debe estudiar la historia de la patria y la lengua del país, sin contaminación de los

xvi divergentes idiomas hablados por los varios grupos, especialmente el ídish que hablaban los judíos. Rojas denuncia a la familia judía porque tiene un “[. . .] patriarcado religioso [que] le impedirá fundirse con las familias del país, y asimilarse a nuestra sociabilidad” (341). Por eso, la creación de una educación nacional, sin la corrupción por los valores de los inmigrantes, es tan esencial al fomento de una identidad nacional. La incompatibilidad de fusionar la identidad judía con la argentina constituye un problema desde el principio de la inmigración, y continúa siendo una preocupación contemporánea. En la mitad del siglo XX, surge la idea de Maglione de la creación de una raza superior, pero el sentido de xenofobia y el antisemitismo recrudece con la afluencia de inmigrantes judíos y su supuesta asociación con el comunismo. La elección de Juan Domingo Perón en 1946 da nueva vida a la inmigración de muchos italianos y españoles. Argentina bajo el poder de Perón se convierte en refugio para los Nazis después de la guerra, y la consecuente persecución de muchos judíos durante su presidencia. Aunque Perón valoró públicamente las conexiones internacionales de los judíos, “[. . .] this did not transform the Jewish community into a genuine and wholly legitimate Argentine entity” (Avni 194). Durante El Proceso (1976-83), los judíos sufren constantemente por su filiación zionista. La constante sospecha de la fidelidad a una identidad judía por sobre otra argentina persigue al grupo y también se observa como preocupación de León Rozitchner en su Ser judío (1967). Rozitchner propone el socialismo para unir las dos identidades, y también la mudanza a Israel como remedio. Explica que los judíos siempre serán marginados, o sea extranjeros en cualquier lugar que no sea suyo; solamente a través del socialismo o viviendo en Israel pueden sentirse como en casa.

xvii Las mujeres de Argentina han sufrido una marginalidad semejante. Luís Vitale estudia el proceso de industrialización en Argentina y la incorporación de mujeres en las fábricas. En 1906 se creó el Centro Feminista en el país, seguido por el Primero Congreso Feminista Internacional en Buenos Aires en 1910. En 1919 el Dr. Lanten y Alfonsina Storni guían el Partido Feminista Nacional para reformar los códigos sociales que marginalizan a las mujeres de la nación (Vitale 91). Intentan reformar la regla que asocia a la mujer con los menores y también las leyes sobre el divorcio y los hijos ilegítimos. Eventualmente las mujeres ganan el voto y votan por primera vez en 1951. Sin embargo, la colaboración femenina en el país no se consigue a causa de las divisiones entre sus diferentes grupos sociales, económicos, y culturales. Durante el primer peronismo, el presidente y su esposa Eva promueven los derechos de las mujeres. Nancy Caro Hollander estudia la relación entre el peronismo y el movimiento feminista en su artículo “Si Evita viviera,” y concluye que “there are some who claim that the most striking social change to occur under Perón was the political mobilization of women” (103). Eva sirve como símbolo para todas las mujeres y pone énfasis en la dignidad de las obreras. Sin embargo, aunque valora la lucha política de la mujer, también “[. . .] reinforced the traditional view of the role of women in the home as the mainstay of the society” (Hollander 111). Algunas mujeres se unen durante El Proceso en el grupo de Las Madres de la Plaza de Mayo. Ellas todavía protestan la desaparición de sus hijos, esposos, y familiares a causa de la Guerra Sucia durante los jueves frente a la Plaza. Aunque no se forman con intenciones políticas, sirven como símbolo internacional contra la injusticia y la inhumanidad del gobierno.

xviii Durante la formación de Argentina, nunca se consigue una identidad nacional concreta y estable debido a la constante entrada y la influencia de diferentes grupos étnicos y culturales en la sociedad. Como resultado, todavía existe la preocupación por las características de una identidad argentina y si esta identidad realmente existe. Según Graciela Scheines, “un argentino es alguien que vive preguntándose qué es ser argentino” (127). Los argentinos han tenido que liberarse de la imagen reflejo de los europeos y buscar una identidad suya; como resultado, la vida cotidiana parece un mundo dividido entre grupos diferentes ligados por nada más que una ubicación física. La doble marginalización de ser judío y mujer surge en la representación de la vida cotidiana de los textos de Shua. Me propongo estudiar sus cinco novelas para analizar cómo la marginalidad y la opresión de la historia argentina se presentan en la vida de los protagonistas y comunican un sentido de encierro del que nadie puede escapar felizmente, ni en el presente ni en su pronóstico distópico para el futuro. No existe para los personajes de esas novelas la capacidad de entender el pasado y aprender de la historia. La sociedad aparece fragmentada, la humanidad encasillada por todas partes por las instituciones sociales y políticas. Además, cada grupo social vive miméticamente jerarquizado dentro de sí y separado de los demás grupos sin posibilidad de reconciliación o diálogo. Teniendo en cuenta estas realidades argentinas, me propongo organizar mi disertación en esta introducción, cuatro capítulos, y una conclusión. Los títulos de los cuatro capítulos son los siguientes: “La circularidad sin fin de los recuerdos y el peso del pasado,” “El individuo encerrado por su sociedad,” “El deseo de pertenencia y la jerarquía dentro del grupo social,” y “La representación de las instituciones políticas y

xix sociales en la Argentina contemporánea.” El capítulo 1, “La circularidad sin fin de los recuerdos y el peso del pasado,” explora la vacilación del personaje a causa de la opresión del pasado y la tradición. Los personajes no pueden escoger su propio futuro porque la historia tiende a reflejarse constantemente a través de la memoria y las tradiciones sociales y culturales. Shua explora la influencia generacional e individual en los protagonistas para concluir que el pasado y la historia nunca dejan de atormentar. En Los amores de Laurita la sexualidad femenina y el comportamiento tradicional persiguen a Laura, una joven recién despierta a la sexualidad. Se repiten estas memorias a través de capítulos alternos que exploran la influencia de su adolescencia en su vida adulta. Graciela Gliemmo afirma que desde el epígrafe del texto se nota “[. . .] la circulación de cuerpos en la sociedad” (51). Los temas de inocencia, pubertad, y sexualidad se repiten constantemente en la novela hasta la visión de una niña que se presenta en el último párrafo del texto. La niña es la hija en el vientre de la señora. Laura Beard explica en “Celebrating Female Sexuality from Adolescence to Maternity”: this last image of the book, of the unborn baby girl sucking her thumb, takes the reader back to the beginning of the first Laurita chapter [. . .] her thumb, surrounded by some of her hair, is the at-first-unrecognizable sight Laura sees when she wakes up on her sixteenth birthday. That the novel ends with another female sucking her thumb creates a circular closure that ties the unborn child to the child her mother once was. (44-5)

Tenemos la impresión de que la hija de Laura tampoco puede romper con el orden establecido, y se condena a seguir los pasos de la mamá, repitiendo una vida semejante a lo que acabamos de leer en la novela. Gliemmo opina que “el último párrafo puede leerse como una puesta en abismo” (54). La historia se repite con cada generación, y

xx cada nueva niña sufre un sentido de encierro semejante al que experimenta la protagonista. La historia generacional se repite de manera circular también en El libro de los recuerdos cuando el pasado está ligado con el presente y el futuro. La tercera generación de la familia Rimetka trata de conectar diferentes memorias al leer el Libro de Recuerdos, o sea el libro intercalado. En este texto, el pasado y el presente ocurren a la vez, y la presencia de la cultura judía se evidencia. Ilán Stavans explica en “Ana María Shua: Memory and Myth:” “Jews are by nature retellers: their existence is testified by the act of remembrance of events protagonized by God, and that act links Jews to the chain of generations that come before and after” (79). Recordar el pasado, como hacen los Rimetka, es un mandato en la tradición judía. Al tratar de reconstruir la historia de sus antepasados judíos, vemos una polifonía en la competencia de recuerdos, y ninguna versión fidedigna de la historia. Según Stavans, El libro explora las limitaciones de la historia porque es “[. . .] a book within a book, a tale within a tale” (81). Los personajes están atrapados entre dos mundos: el pasado y el presente, sin la posibilidad de influir en ninguno. La historia y la memoria se contradicen y la historia de los antepasados sigue confinada al pasado; se dibuja nebulosa para esta tercera generación y las del futuro. El último texto que analizo en este capítulo es La muerte como efecto secundario, novela futurística donde la vida se contamina de visiones de enfermedad, muerte, y vejez. Los recuerdos de la adolescencia de Ernesto Kollody y las relaciones fracasadas entre sus parientes y amantes atormentan su vida según se lee en las cartas que él le escribe a una ex-amante. Rhonda Dahl Buchanan explica en “Visiones apocalípticas en una novela argentina: La muerte como efecto secundario de Ana María Shua” que el texto “[. . .] se

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Abstract: This dissertation focuses on the influence of political and social history in the novels of Ana María Shua, an Argentine author who critiques her own contemporary society based upon her nation's history and her Jewish ancestry. It examines the relationships between individuals, such as parents and children, spouses, or friends to demonstrate that people are unable to change their own situation: the circularity of time and the repetition of the past will always haunt the inhabitants and marginalize them. This work analyzes Shua's five novels: Soy paciente (1980), Los amores de Laurita (1984), El libro de los recuerdos (1994), La muerte como efecto secundario (1997), and El peso de la tentación (2007). These selected works explore the transformations of the protagonists through their interactions with their environment in order to prove that the individual will remain isolated within the hierarchies and institutions created by contemporary society. The introduction offers an overview of Shua's biography and literary works as well as an exploration of the connections between the history of Argentina and the author's novels. Chapter 1 focuses on the influence of history in the present and future of the protagonists in Los amores de Laurita, El libro de los recuerdos, and La muerte como efecto secundario. Chapter 2 makes use of Michel Foucault's system of power to explore the way in which society victimizes the protagonists. The chapter studies: Los amores de Laurita, La muerte como efecto secundario, and El peso de la tentación. Chapter 3 analyzes the hierarchies established in the institutions and how they convert the body of the individual into a jail. The novels studied include: Soy paciente, La muerte como efecto secundario, and El peso de la tentación. Chapter 4 demonstrates how the history of Argentina is represented in the political and social institutions of El libro de los recuerdos, Soy paciente, and El peso de la tentación. It connects the contemporary desire of a utopian future with Jewish tradition and the hope of a messiah. The conclusions recapitulate the pessimistic, dystopian future that remains for each of the protagonists.