• unlimited access with print and download
    $ 37 00
  • read full document, no print or download, expires after 72 hours
    $ 4 99
More info
Unlimited access including download and printing, plus availability for reading and annotating in your in your Udini library.
  • Access to this article in your Udini library for 72 hours from purchase.
  • The article will not be available for download or print.
  • Upgrade to the full version of this document at a reduced price.
  • Your trial access payment is credited when purchasing the full version.
Buy
Continue searching

El espacio mitico en la narrativa contemporanea castellano-leonesa: "La lluvia amarilla", "La sonadora" y "El reino de Celama"

Dissertation
Author: Oscar Bazan
Abstract:
The primary objective of this work is the study of mythical spaces in the contemporary narrative from Castilla y León. From that objective I propose the recompilation of several characteristics, typical of certain kind of mythical space that we have in these novels. The hypothesis of this dissertation is that, in fact, there is a creation of mythical space in the novels I study. From the selected works I set myself to trace the common lines that those spaces share. The literary corpus is made up of three novels: La lluvia amarilla (1988) by Julio Llamazares, La soñadora (2002) by Gustavo Martín Garzo, and El reino de Celama (2003) by Luis Mateo Díez. In my opinion, they share an essential characteristic: the coexistence of the present and the past, which confrontation originates the story. The collision of these two temporal levels is one of the mechanisms that facilitate the creation of mythical spaces. Place and inhabitants share the same fate, so both of them form a combination without possible division. As regards the theoretical frame, it is evident that there are many interpretations on the topic of "space", but the starting point seems to converge: The most important is to overcome the conception of "space" as something only physical. We are referring here to a space beyond the touchable reality. This feature is the base of the mythical space. Edward Soja is following the same idea also: "This process of producing spatiality begins with the body" (43). In a similar way, he points out that the human being is the one who model the space, even though the space is first created by men. The result is that one reflects in the other. Also I am going to bring into play to Henry Lefebvre, which ideas are followed by Soja in many ways, especially when he works on the topic of "The Third Space", conceived as an organism made up of the double perspective we stated before: "In this alternative or "third" perspective, the spatial specificity of urbanism is investigated as fully lived space, a simultaneously real-and-imagined, actual and virtual" (Lefebvre 11) From all these ideas, the critic Joseph M. Catalá Doménech gives us a definition of what it is possible to considerate as "mythical space": territories half way between the objective and the subjective, in a perfect equilibrium between the truth and the false: "un no-lugar compuesto por el deseo de cada uno de los personajes y alimentados por los influjos de su memoria" (57) We have, on these brief lines the indispensable relation between myth and memory. That connection represents one of the columns of this study. In short, this dissertation proposes the existence of a "mythical space" created on some of the most recent novels written by authors from Castilla y León. These "spaces" are possible thanks to the coexistence of objective qualities- the physic place where the narration takes place- and subjective qualities- the particular vision of the narrator and characters on that space. Its mixture makes the reality cloudy and brings closer a forgotten memory, which is briefly recovered.

Table of contents: -Abstract 1 - Introducción 9 -Capítulo primero: El porqué de la elección de espacio mítico 19 1-Lugar vs Espacio 16 2- Principales teorías espaciales desde mitad del siglo XX 23 2.1 Edward Soja, y el tercer espacio. 23 2.2. Lefebvre y la producción de un espacio social 34 2.3. Bachelard y la poética del espacio 39 3. El espacio mítico. Las ideas de Joseph María Catalá Doménech y los lugares de memoria de Pierre Nora. 43 4. Buscando las Raíces: breve repaso de la construcción del espacio en la novela española desde el realismo. 51 4.1 El espacio rural en el periodo realista. 53 4.2. Circa 1900. El espacio intermedial 59 y la visión de Ortega 4.3. El espacio en la generación de 98 63 4.4 Breves apuntes sobre los tiempos modernos 69

Bazán 7

4.5 Conclusiones hasta aquí 75 -Capítulo segundo: Julio Llamazares y La lluvia amarilla 79 1. Llamazares. Relación entre espacio y poesía. 79 2. La lluvia amarilla y la presentación de su espacio: apuntes 90 generales. 2.1 Ainielle y el espacio mítico 96 2.1.1 La capa interna del espacio vs la externa 100 2.1.2 Ainielle, y el espacio del recuerdo. La soberanía de 110 La memoria -Capítulo tercero: Luis Mateo Diez y El reino de Celama , un espacio 128 al que llegar. 1. La palabra y la imaginación al servicio de 128 una búsqueda. 2. Tierra de muertos. 138 2.1 Unidad del Páramo. Puntos de unión en la trilogía de 138 Díez 2.2 Celama y su unión con el hombre 144

Bazán 8

2.3 ¿Espacio mítico? La actitud de la crítica ante la supuesta 151 mitificación del espacio de Celama. 2.4 El espacio mítico de Doménech en la Celama del 156 recuerdo. 2.5 La Celama del recuerdo y la del olvido. El estudio de las dos 164 Celamas en la obra de Díez -Capítulo cuarto: Gustavo Martín Garzo y las invenciones de 181 La Soñadora

1. Martín Garzo y sus características más importantes: invención 181 y búsqueda de la felicidad. 2. Medina de Ríoseco concebido como un pueblo de agua. 192 Unión intrínseca entre los habitantes y el Canal de Campos. 3. La búsqueda de los habitantes del Canal de un lugar en 198 el que ser feliz. 4 Volver y recordar: el vertimiento de la memoria en el espacio. 206 -Conclusión 216 -Bibliografía 226 -Apéndice: “En esa dialéctica entre el olvido y la memoria 272 está nuestra vida”

Bazán 9

Introducción Entre los escritores castellano-leoneses se ha ido destacando una tendencia en los últimos años: se trata de la creación literaria de espacios inventados que entrarían en estrecha relación con una memoria perdida y, a menudo, presentada por los escritores pertenecientes al área geográfica que nos interesa. De hecho, tal memoria ha sido el campo más estudiado en lo relativo a esta literatura, pero se han dejado al margen las consecuencias de su tratamiento, entre las que destaca la creación de espacios ficticios en los que es posible recrear lo olvidado, espacios míticos. El corpus literario a estudiar en esta disertación se compone de tres obras, que son La lluvia amarilla (1988) de Julio Llamazares, La soñadora (2002) de Gustavo Martín Garzo y El reino de Celama (2003) de Luis Mateo Díez. La lluvia amarilla es una obra fundamental en la literatura castellano-leonesa que pronto alcanzó una popularidad notable entre lectores y crítica. Es precursora de un tipo de novela en la que, no sólo se interrelacionan lugar físico y personajes, motivo ya explotado en el naturalismo y en los escritores del 98, como veremos más adelante, sino que se crea un espacio simbólico en el que tienen cabida lo real y lo imaginario, y en el que se conversa con el pasado. Por su parte, La soñadora es la bella historia de un hombre que regresa a su pueblo natal tras recibir la noticia de la muerte de un antiguo amor. Una vez allí, entabla diálogo con el fantasma de su amada, y juntos van trayendo al presente la tragedia que tuvo lugar en el pueblo por el despecho de Adela, la soñadora. Con la obra de Llamazares, La soñadora no sólo comparte el escenario rural, sino el proceso de construcción de la historia basado en la confrontación entre presente y pasado.

Bazán 10

El reino de Celama es una obra coral dividida en tres partes. En la primera, El espíritu del páramo (1996), se describen de forma general el estilo de vida de algunos de los personaje que habitan Celama poniendo en relieve la hostilidad de la tierra; la segunda parte, La ruina del cielo

(1999), mucho más extensa, se encarga de relatar con más detalle la experiencias vitales de los habitantes de ese reino desolado, reconstruidas a través de todos sus muertos en un inmenso obituario narrativo; y la tercera parte, El oscurecer (2002), constituye un relato alegórico en el que un viejo quiere regresar a Celama, y un joven quiere salir. Las tres novelas del corpus comparten obvias características que trataremos en profundidad en las siguientes páginas. No obstante ya adelantamos la influencia de Miguel Delibes; la unión simbólica, y a veces sustancial, entre hombre y espacio; o una particularidad que a nuestro juicio es imprescindible: la convivencia entre el plano del presente y el plano del pasado, cuyo choque da fruto a la historia y posibilita, al tiempo, la creación de un espacio mítico. Los estudios más llamativos sobre los escritores que nos interesan se centran en la relación que se establece entre literatura y el intento de traer al presente una memoria rural, marginada en España ante la urbanización. Tal es el caso de Samuell Amell, quién habla en su artículo: “Hacia un nuevo realismo: Las novelas de Luis Mateo Díez” (1993) del enfoque hacia el pasado que la narrativa del leonés ha ido adquiriendo a lo largo de su carrera literaria; o de Robert Baah, quien analiza en “Unstoppable journey to the past: a comparative study of La lluvia amarilla and Escenas de cine mudo ” (1997) la mirada retrospectiva como tema en la obra de Llamazares. La memoria en sí es tratada en algunos estudios sobre Llamazares desde diversos puntos de vista: como elemento de unión cultural y de identidad por Inge Beisel en su estudio “La memoria colectiva en las obras de Julio Llamazares” (1995), o también en conflicto con la

Bazán 11

realidad histórica por Sonja Herpoel en su trabajo “Entre la memoria y la historia: la narrativa de Julio Llamazares” (1997). De igual modo, el tema de la memoria en la narrativa de Mateo Díez ha sido estudiado por Vanesa Arozamena en “Memoria y oralidad en La fuente de la edad , de Luis Mateo Díez” (2007); por Carlota del Amo en “Luis Mateo Díez: La conjunción de la imaginación, la memoria y la palabra” (1995); o por Adolfo Sotelo Vázquez en “La mirada y la memoria en la novela española de finales del siglo XX: Luis Mateo Díez (1982-1997)” (2003). Aunque en el caso de Díez, nadie mejor que él mismo para definir su literatura y sus intereses narrativos en libros como La mirada del alma (1996), en donde no sólo apunta que la memoria es primordial, sino también el juego que se da entre la invención y la memoria, señalada ya por varios críticos, como Halbwatchs o Walter Benjamin 1 . Amén de los trabajos nombrados, es fundamental el libro La invención del grupo leonés

(1995) de Carlos Javier García, que de forma clave estudia la problemática de la existencia de una literatura “regionalista”, y la obra de los escritores agrupados convencionalmente bajo el marbete de “grupo de león”, en el que se incluyen Llamazares y Díez, aunque el primero ha negado siempre su pertenencia 2 . Pocos trabajos tratan particularmente el espacio mítico en alguna de las obras o autores a tratar. Como ejemplo tenemos el breve estudio de Agustín Otero-Blanco, “Luna de lobos , de

1 Hablaremos de ambos críticos a lo largo de este estudio; del primero para referirnos a la memoria colectiva, y del segundo para determinar mejor esa caracterización de “cuentacuentos” que nuestros narradores dan a sus personajes. 2 Sobre el grupo de león y el libro de Carlos Javier García, véase el segundo capítulo de este trabajo.

Bazán 12

Julio Llamazares; la memoria popular en un espacio natural mítico” (1997); o de Álvarez Méndez, “Desde la otra orilla de la existencia, con José María Merino, al espacio mítico de la vida, con Luis Mateo Díez” (2003) Pero, en general, se asume el espacio mítico como sinónimo de espacio simbólico, y basta su desapego de referentes reales para caracterizarlo así. Hay otros factores que hay que tomar en consideración, sin embargo, ya lo dice Doménech 3 . A pesar de los trabajos nombrados, se echa en falta un estudio más amplio que recoja y ponga en relación el tema del espacio mítico con las novelas que han ido surgiendo en Castilla y León desde la publicación de La lluvia amarilla, al margen del hecho de que apenas existen estudios relevantes acerca de uno de nuestros autores, Garzo. El objetivo primario de mi disertación es el estudio del espacio mítico en el corpus citado, del cual se derivan diferentes objetivos secundarios, como la agrupación de diversas características propias e inherentes a un determinado tipo de espacio mítico que se daría en estas obras, por ejemplo la asociación entre espacio y ser humano, la convivencia de un plano objetivo y uno subjetivo en la narración, o la unión entre memoria y espacio. La premisa de la presente disertación es que, en efecto, hay una creación de espacios míticos en las tres novelas a analizar, cuya función sería la de posibilitar lugares en los que el deseo de los personajes mantiene vivo un pasado que, de otro modo, se perdería para siempre. En cuanto al marco teórico de este estudio, el primer punto que sería conveniente aclarar es desde qué postura, idea o definición de espacio mítico parto para considerar la existencia de los mismos en las obras que nos ocupan. Comenzaremos, por lo tanto, con una justificación de la elección de “espacio mítico” para englobar las obras tratadas, con el consecuente recorrido por

3 Me remito el punto número tres del primer capítulo de esta disertación.

Bazán 13

las principales teorías espaciales que han surgido desde mediados de siglo XX. Lo primordial es superar la concepción del espacio como algo físico únicamente. Winifred Gallagher habla en su libro The Power of Place (1993) de que el primer espacio que el ser humano habita es su propio ser. Esa concepción del espacio ligado al cuerpo nos entreabre una vía que circula tras el espacio geográfico, y nos lleva a la idea de un espacio vivo, palpitante, entrelazado a las personas que lo habitan; tierra y hombre evolucionan a la par, y la mutación de uno influye ineludiblemente en la mutación del otro. Es esa superación del espacio como un simple fondo en el que tienen lugar los hechos, la que nos va a llevar a repasar la teoría de Edward Soja sobre el Tercer Espacio y la de Henri Lefebvre sobre un espacio social 4 . La primera es interesante, sobre todo, para observar la riqueza y polisemia que el tema del “espacio” ha ido asimilando en los últimos años; la segunda establece un sólido punto de vista, que postula la intrínseca unión entre espacio y hombre, asimismo relacionada con el espacio mítico. También nos apoyaremos en Michael de Certeau, quien diferencia acertadamente “espacios” de “lugares”, y define el término de “ciudad” en oposición al “campo”; así como en Gaston Bachelard y su estudio The Poetics of Space (1994), muy útil para referirnos a la dialéctica que se da entre lo que queda fuera y lo que queda dentro del espacio, y para ver la funcionalidad de la “casa” como símbolo importantísimo en La soñadora.

La referencia más importante, sin embargo, va a ser la del espacio mítico propuesto por Joseph María Catalá Doménech, cuya visión en la era moderna de un espacio entre objetivo y subjetivo, real y ficticio, vuelto hacia el pasado por el deseo de sus habitantes, nos parece de gran

4 Páginas 16-32

Bazán 14

acierto 5 . Doménech es profesor de audiovisual en la universidad autónoma de Barcelona, y debido al enfoque de gran parte de sus estudios en el proceso de “la mirada” como creadora de diferentes realidades subjetivas, en relación con la escritura 6 , además del ya nombrado interés por un espacio mítico contemporáneo, creemos de gran importancia para nuestro trabajo. Por la relación entre espacio y memoria, los “lugares de memoria” de Pierre Nora también son de obligada incursión. Aludiremos también a diferentes aportaciones de críticos como Gilbert Durand, Iván I. Mitin o Marc Augé, sin olvidarnos de hacer la necesaria distinción entre espacio mítico y el espacio en el que se narran diversos mitos. 7

Sin embargo, teniendo en cuenta que los estudios de Soja, Certeau y Lefebvre están concebidos, sobre todo, en términos urbanos; y que la relación entre espacio y personajes a un nivel subjetivo en un entorno rural viene de lejos en la tradición literaria española, analizaremos

5 La teoría de Doménech se desarrolla de la página 36 a la 44. 6 Doménech nos dice en “La rebelión de la mirada. Introducción a una fenomenología de la interfaz” que, además de ser la mirada humana un puente entre la subjetividad y la realidad exterior, se ve prolongada por la escritura, de forma que habla de una mirada más allá de la mirada. Por otro lado, en La violación de la mirada (La imagen entre el ojo y el espejo) . también es la mirada el centro de su atención, esta vez explorada desde la aparición de la fotografía y su consecuente conmoción en la forma de ver las cosas, así como desde la nueva forma de contemplar la memoria asociada a las imágenes. En general a Doménech le interesa el estudio de cómo se reproduce la realidad en nuestro tiempo, de lo que se desprende su idea del espacio mítico, que es lo que nos quedamos para las siguientes páginas. 7 Página 34

Bazán 15

las propias raíces. Partiremos del romanticismo, pasando por la generación del 98 y la propuesta de José Ortega y Gasset de un paisaje ligado existencialmente al hombre, y con autonomía en la narración, hasta llegar a los últimos años en dónde la figura de Miguel Delibes ejerce su magisterio. De la recuperación mítica del pasado para definir la identidad española tras la Guerra Civil, pasamos a un espacio mítico que recupera las “pequeñas” historias personales, basándose en la cultura del filandón en el caso de los leoneses. El sujeto es capaz de mitificar el espacio en el que vive por su deseo de recordar, como vamos a observar. José María Pozuelo Yvancos, Santos Sanz Villanueva, Ricardo y Germán Gullón, Fátima Serrá, Nicolás Miñambres, y José Ramón González entre muchos otros nos ayudarán, asimismo, a definir más precisamente el espacio que atañe a las novelas estudiadas. La línea de estudio nos llevará a considerar en La lluvia amarilla la importancia de “la mirada” en cuanto a constructora del espacio, ya que la novela de Llamazares se parece en mucho a una obra pictórica, creada por el ojo del artista. También que esa reivindicación, tantas veces señalada, de un mundo rural, no es tanto eso como la exposición de una realidad que debe ser contada, porque es parte de la identidad española. Asimismo, la subjetividad, el lenguaje antropomórfico, los objetos que sirven de marcas de memoria en la narración, el férreo propósito del recordar por parte del protagonista, la unión existencial entre hombre y espacio, y un entorno hostil al estilo naturalista, son elementos que se conjugan para dar como resultado el espacio mítico: un espacio sin futuro ni presente, más bien vuelto hacia el pasado en un intento de actualización constante. Por otro lado, en la Celama de Díez nos encontramos con un complejo mundo intertextual compuesto por tres novelas. La importancia de la oralidad para mantener ese pasado constante va a ser uno de los factores principales aquí, junto al debate entre el recuerdo y el olvido, el espacio

Bazán 16

como parte de la identidad de hombre, y de nuevo la ligazón fatalista de la tierra y los personajes, entre los que Ismael Cuende es el más notable. Cuende, además de ser elemento de cohesión en la estructura narrativa, aporta su enorme obituario y su anhelo de recordar Celama tal y como era antes de que la modernización sangrara la tierra en busca de agua. Tal deseo, junto a un espacio delineado geográficamente pero al tiempo inmerso en las brumas del simbolismo, y la imposibilidad que se da de no poder salir del pasado desde que esa lápida dedicada a la diosa Diana, se nos dice, condenó al espacio a ser siempre un “Páramo”, nos lleva al espacio mítico según la definición del barcelonés. Por último, veremos como el espacio de La soñadora comparte cualidades con los otros dos antes estudiados, a pesar de que la mayor parte de la obra transcurre en un espacio “real”: el pueblo vallisoletano de Medina de Ríoseco. Sin embargo, acotaremos el espacio que nos interesa al Canal de Campos, por agruparse en sus bordes la memoria del lugar, y traer con su agua, a un nivel metafórico, el anhelo de escapar a todos los personajes. El espacio mítico ocurre, como estudiaremos, cuando Juan Hervás regresa al pueblo para visitar la tumba de su novia de juventud, al enterarse de su muerte. El fantasma de Aurora surge entonces de un mundo sobrenatural para recuperar los recuerdos perdidos de Juan, todavía enraizados en el espacio. Por lo tanto, tenemos la fuerte presencia de la idea de que la memoria se asocia al espacio, y de que sólo quien permanece en él puede recordar. Nos encontramos en La soñadora con un entorno sumergido, desde un punto de vista psicológico, en las aguas del canal; un espacio habitado por ondinas y sirenas, como nos dicen las propias páginas de Garzo, en el que se buscan hijos con aletas para poder surcar el agua. La ya mencionada unión entre ser humano y espacio, el deseo de recordar que trae a Juan de vuelta a Medina, y la imposibilidad de recuperar por completo ese pasado, hace que florezca el espacio mítico más allá del simple lugar de memoria.

Bazán 17

En resumen, este trabajo presenta la hipótesis de que en la literatura más reciente de Castilla y León existe la tendencia a la creación de un espacio mítico, y tiene como objetivo secundario la agrupación de sus características comunes, con un propósito recopilatorio, de modo que observaremos la posible legitimización de un espacio mítico castellano-leonés. Este espacio sucede gracias a la convivencia de cualidades objetivas- el lugar físico en el que transcurre la narración- y subjetivas- las visiones particulares de ese espacio por parte del narrador y personajes-. Su mezcla enturbia la realidad y nos acerca a la visión de una memoria perdida y brevemente recuperada, memoria que, recordemos, es lo que en última instancia abarcan los últimos estudios sobre los escritores castellano-leoneses, dejando al margen la presencia fundamental de ese espacio que la posibilita.

Bazán 18

Capítulo primero: El porqué de la elección de “espacio mítico” 1- Lugar vs Espacio Pensemos en el “espacio”. Lo más probable es que lo primero que acuda, raudo, a la mente es el concepto en términos geográficos, es decir, un lugar concreto, físico, palpable; posiblemente se nos presente su idea como un fondo, un telón de actos de la vida cotidiana, tierra sobre la que caminamos o sobre la que hemos caminado. Por ejemplo, esta habitación desde la que escribo y que me sirve de refugio, al tiempo, de lo que queda fuera. Ahora pensemos en un lugar en el que hemos sido felices, imaginemos que vamos a describirlo para otra persona, ya sea oralmente o por escrito. A continuación alguien que ha sufrido la más penosa de sus experiencias en ese mismo lugar, se propone una descripción semejante del mismo. ¿Tendremos representaciones idénticas porque se refieren a la misma zona? La respuesta evidentemente es no, de la misma forma que no es igual el mismo paisaje pintado por Goya que por Miró. Ese lugar físico original, con sus fronteras, se ha sometido a una serie de filtraciones: primero el cambio hacia el sistema lingüístico, con sus reglas y sus propios mecanismos y limitaciones; segundo, a la subjetividad del autor/narrador/observador, quienquiera que describa ese lugar; y tercero su experiencia, relacionada con el segundo filtro en el sentido de que es la experiencia en gran medida la “escultora” de nuestras visiones particulares hacia las cosas, aunque también establece numerosas conexiones a lo largo del tiempo y del espacio de cada cual, del pasado hacia el presente, y también hacia los pensamientos orientados al futuro. Por lo tanto, dos lugares concretos, difícilmente van a tener la mima descripción planteada por

Bazán 19

dos visiones diferentes. Como dijo Charles Baudelaire, “el paisaje cambia de traje en virtud de los rayos del sol” (cit. en Parente 69), idea promulgada también por Tzvetan Todorov. Hablando en estas páginas sobre novelas, palabra escrita, no sólo influye la mirada del autor, como narrador, sobre el espacio, sino la de cada uno de los personajes. Y es en última instancia el lector-receptor, quien otorga un sentido final del mismo. Todos estos son temas altamente complejos y nos llevarían a examinar teorías como la de la recepción o la autoría de obras. Para mantenernos centrados en el tema que nos ocupa apuntaremos hacia tales ideas más adelante en estas páginas, pero no en profundidad, ya que serían objeto de un estudio diferente, y más amplio. Llegamos así al principio básico que tenemos que considerar a la hora de tratar el concepto de “espacio” en la obra narrativa: hay que superar su concepción como algo puramente geográfico. Es evidente que lo que tenemos en las páginas de un libro que habla del mar, no es el mar mismo, sino una representación construida a base de palabras. El espacio físico del libro son las páginas; lo que hay en ellas son, digámoslo así, material de construcción. Las palabras se despliegan recreando el espacio, y tal espacio puede tener referente en el mundo o no, puede tener nombre o no, puede ser tocado por los personajes, o no. Puede ser real o imaginario, palpable o impalpable, o una mezcla de los dos. La dualidad “espacio objetivo” y “espacio subjetivo” ha sido vista por multitud de autores y críticos que han tratado el tema del “espacio”. Por ejemplo, Germán Gullón, al hablar de los espacios intermediales 8 , también alude a la diferenciación entre “lugar” y “espacio” que la crítica

8 Señala Gullón que los espacios “intermediales” son aquellos en lo que se insertan sonidos e imágenes como parte fundamental de los mismos. En el siglo XX se tiende a ver las cosas en un

Bazán 20

tradicional ha establecido: “Lugar es el sitio donde ocurren los hechos narrados en un texto, identificables geográficamente, sea un mapa real (Oviedo) o ficticio (Vetusta). Reservamos el concepto de espacio para aludir al lugar sensibilizado por una perspectiva personal” (“Espacio intermedial” 235). Esa perspectiva única es la que van a desarrollar los teóricos con mayor énfasis, como veremos: la idea de un espacio subjetivo, pero también con implicaciones filosóficas y poéticas. Michael de Certeau establece una categorización semejante a la de Gullón. El teórico distingue de igual modo entre lugares (places/lieu) y espacios (spaces), siendo los primeros delimitados, físicos, no pueden existir dos en el mismo punto; mientras que en los segundos entran en juego factores como el tiempo, o la velocidad, “espacios vividos”, como diría Lefebvre. Certeau señala que: “a place (lieu) is the order (of whatever kind) in accord with which elements are distributed in relationships of coexistence (…) a space exists when one takes into consideration vectors of directions, velocities and time variables” (The Practice of Everyday Life

117) El “espacio”, para Certeau, no está marcado sólo por fronteras físicas, sino por lo que sucede dentro. Es, por lo tanto, un espacio social, caracterizado por el movimiento y las actividades de sus habitantes. No resulta difícil establecer una conexión entre la idea de Certeau y la teoría de Lefebvre sobre la producción de un espacio social, de la que hablaremos más adelante es este capítulo. A diferencia del “lugar”, pueden coexistir varios “espacios” en un mismo punto; ya hemos visto cómo la misma figura difiere dependiendo de quién la observa. Del mismo modo,

contexto “intermedial” en el que se combinan palabras e imágenes. Se admite una “diversidad de apreciaciones impropias de un narrador literario convencional” (G. Gullón “Espacios intermediales” 222)

Bazán 21

el espacio difiere dependiendo de quién lo experimenta, de quién lo narra: “in short, space is a practiced place” (Certeau, The Practice of Everyday Life 117) El espacio toma forma por las prácticas que se realizan dentro del él. En España, esa diferencia de postura entre los observadores, el subjetivismo ineludible del que describe algo atendiendo a un punto de vista determinado, lo tenemos en el perspectivismo de Ortega y Gasset, que se relaciona con esa dualidad objetiva (física)-subjetiva (imaginaria, personal) a la hora de tratar el “espacio”: “Existe una permanente tensión entre la subjetivación de la objetividad y objetivación de la subjetividad; el paisaje natural se describe con los ojos del corazón” (Parente 64). Ortega establece una relación entre lo objetivo, el paisaje que se observa, y lo subjetivo, la interiorización de este paisaje por parte del observador, personaje. Lucía Parente, en su trabajo sobre Ortega y el espacio 9 , señala que tal relación entre sujeto y objeto contemplado, según el filósofo español, se establece sólo gracias a un acto intelectual del hombre: desde el momento en que la dimensión temporal o espacial, visual o sensorial generalmente, de la profundidad, se presenta siempre en la superficie, y posee dos esferas de valores: una material, la otra virtual, al expandirse en profundidad, en perspectiva. Este acto genera una relación específica entre lo que el hombre tiene ante sí como mundo evidente y lo que constituye el mundo latente del ser humano 10 (71).

Full document contains 282 pages
Abstract: The primary objective of this work is the study of mythical spaces in the contemporary narrative from Castilla y León. From that objective I propose the recompilation of several characteristics, typical of certain kind of mythical space that we have in these novels. The hypothesis of this dissertation is that, in fact, there is a creation of mythical space in the novels I study. From the selected works I set myself to trace the common lines that those spaces share. The literary corpus is made up of three novels: La lluvia amarilla (1988) by Julio Llamazares, La soñadora (2002) by Gustavo Martín Garzo, and El reino de Celama (2003) by Luis Mateo Díez. In my opinion, they share an essential characteristic: the coexistence of the present and the past, which confrontation originates the story. The collision of these two temporal levels is one of the mechanisms that facilitate the creation of mythical spaces. Place and inhabitants share the same fate, so both of them form a combination without possible division. As regards the theoretical frame, it is evident that there are many interpretations on the topic of "space", but the starting point seems to converge: The most important is to overcome the conception of "space" as something only physical. We are referring here to a space beyond the touchable reality. This feature is the base of the mythical space. Edward Soja is following the same idea also: "This process of producing spatiality begins with the body" (43). In a similar way, he points out that the human being is the one who model the space, even though the space is first created by men. The result is that one reflects in the other. Also I am going to bring into play to Henry Lefebvre, which ideas are followed by Soja in many ways, especially when he works on the topic of "The Third Space", conceived as an organism made up of the double perspective we stated before: "In this alternative or "third" perspective, the spatial specificity of urbanism is investigated as fully lived space, a simultaneously real-and-imagined, actual and virtual" (Lefebvre 11) From all these ideas, the critic Joseph M. Catalá Doménech gives us a definition of what it is possible to considerate as "mythical space": territories half way between the objective and the subjective, in a perfect equilibrium between the truth and the false: "un no-lugar compuesto por el deseo de cada uno de los personajes y alimentados por los influjos de su memoria" (57) We have, on these brief lines the indispensable relation between myth and memory. That connection represents one of the columns of this study. In short, this dissertation proposes the existence of a "mythical space" created on some of the most recent novels written by authors from Castilla y León. These "spaces" are possible thanks to the coexistence of objective qualities- the physic place where the narration takes place- and subjective qualities- the particular vision of the narrator and characters on that space. Its mixture makes the reality cloudy and brings closer a forgotten memory, which is briefly recovered.